Entrevista a Fernando Miró

Nicolás Toledo (@NToledoG)

Raquel Botía


Fernando Miró Llinares es doctor en Derecho, catedrático de Derecho Penal y Criminología en la Universidad Miguel Hernández de Elche y director del Centro Crímina para el estudio y prevención de la delincuencia, de la misma universidad. Imparte, tanto en los másteres como en los títulos del Centro, diferentes materias relacionadas con el Derecho Penal, el cibercrimen y la prevención situacional del delito. Se ha especializado en distintos aspectos del Derecho Penal moderno, como el Derecho Penal económico y de la empresa y el Derecho en las nuevas tecnologías. En los últimos años ha centrado sus investigaciones en la cibercriminalidad.

 

Pregunta: Para empezar, háblenos un poco de su carrera profesional, ¿en qué proyectos está inmerso ahora mismo?

Respuesta: Al ser director de un centro de investigación es difícil no estar en todos los proyectos en los que estamos trabajando. En Crímina ahora mismo tenemos muchos proyectos de investigación abiertos. Por ejemplo, estamos trabajando en un proyecto europeo llamado PERICLES (Policy recommendation and improved communication tools for law enforcement and security agencies preventing violent radicalisation). Es un proyecto sobre radicalización, no solo terrorista, pero evidentemente muy centrado en esta. Se trata de una investigación en la que participan dieciocho socios de nueve países europeos. En particular, Crímina está trabajando en dos líneas: una parte jurídica, consistente en analizar de forma comparada los distintos modelos de respuesta jurídica a la radicalización. La otra, en la que estamos más implicados y en la que estoy más interesado, consiste en la creación de un algoritmo de detección de la radicalización a través de Internet. Lo que estamos tratando de hacer en Crímina es superar los algoritmos existentes que esencialmente se basan en palabras y en la atribución de sentimientos a ellas. Generalmente ese tipo de algoritmos selecciona los tuits que contienen algunos términos previamente identificados como violentos o de odio. Sin embargo, las palabras por sí solas no significan nada y por eso estamos intentado incorporar dos nuevos elementos: por una parte, elementos de pragmática lingüística que permitan relacionar los términos entre sí para ver el sentido real del texto. Por ejemplo, la palabra “islam” puede ser en positivo o negativo en función de las palabras que tenga al lado; si tiene “Europa”, posiblemente tenga una connotación negativa, porque probablemente venga inmediatamente también el término “fuera”; pero si tiene otras palabras quizás la connotación no sea islamofóbica. Por otro lado, y esta es la parte en la que yo más estoy implicado, puesto que a nivel particular es la línea de investigación es la que yo he estado trabajando más en los últimos meses, nos interesa incorporar a los algoritmos elementos ambientales derivados del micro lugar del ciberespacio desde el que se expresa el contenido radical o de odio. Esto parte de la idea de que Twitter es un lugar, con características ambientales distintas a las de otros lugares en el ciberespacio; y dentro de él hay microlugares, como las cuentas, que pueden tener características distintas entre sí y podrían estar relacionadas con la actividad que se hace en ellas; y como los tuits, con los que sucede lo mismo. Si, como sucede en el espacio físico, hay variables ambientales que se relacionan con el delito, lo que intentamos demostrar es que en el ciberespacio es igual, y que determinar los patrones ambientales de los mensajes radicales frente a los que no lo son puede ser muy útil para, analizando los metadatos asociados a un tuit o a una cuenta (tamaño, número de seguidores, número de likes, etc) mejorar los lagoritmos de búsqueda y ayudar a cribar el número de mensajes que las fuerzas y cuerpos de seguridad tienen que leer para detectar la radicalización y el odio en el ciberespacio.  Así estoy logrando ligar mis interess de investigación, en particular el interés por la Criminología Ambiental aplicada al ciberespacio, el desarrollo de la idea del lugar del cibercrimen, la concreción de sus tipos y características criminógenas, con la investigación práctica y aplicada, que resuelva problemas. Investigación aplicada con finalidad preventiva.

Junto con esta línea, estamos esperando a ver si nos conceden un proyecto de investigación sobre uso de evidencias empíricas en la Política Criminal y la Política Legislativa y yo estoy trabajando también, a título de investigación particular, en cuestiones de epistemología de la Criminología y del Derecho Penal, de cómo acceder al conocimiento, cómo utilizarlo y con qué datos. Es muy importante saber cómo tenemos que acceder al conocimiento criminológico y cómo podemos incorporarlo a la toma de decisiones político-legislativas.

Junto a estas dos grandes líneas de interés particular, hay muchas más: continuamos con varios proyectos y acciones de investigación concretas sobre cyberbullying y otros riesgos relacionados con el uso de Internet, en varias comunidades autónomas. Estamos también abriendo una línea de investigación en Iberoamérica sobre prevención del crimen que desarrollaremos a partir de 2018. Quizás tenga especial importancia destacar nuestra línea de investigación abierta en materia de seguridad vial desde una perspectiva criminológica, donde somos la única institución que ha conseguido tres proyectos consecutivos de la DGT y todos con un enfoque de prevención desde la criminología. El último es Riskment, un proyecto de investigación que continúa otro que ya iniciamos en su momento sobre detección de puntos calientes (hot-spots) bajo la conducción de los efectos del alcohol. Se trata de crear una herramienta de cálculo de todos los factores ambientales relacionados con la conducción bajo los efectos del alcohol que ayude a determinar dónde se han de poner los controles de alcoholemia según cuál sea el objetivo. Esto  parte de una reflexión que además estamos trabajando y en la que, personalmente, he trabajado desde hace tiempo sobre los efectos expresivos de los castigos penales, cuáles son los mensajes comunicativos de las normas y sanciones y cómo afectan a su cumplimiento por parte de los ciudadanos. En concreto, podemos decir que a pesar de que la tendencia político legislativa sigue siendo el incremento de las penas bajo la idea de que así se consigue intimidar más a los potenciales delincuentes y reducir, por tanto, la criminalidad, hemos demostrado en varios estudios algo que ya se sabía aunque el legislador no se dé por enterado: que la disuasión sólo funciona a partir de niveles de certeza muy altos, y que tiene que estar focalizada en el sujeto en concreto y no ser general. Además hay otros mensajes que envía la norma penal al castigar una conducta y que deben ser tomados en consideración. Por ejemplo el efecto de descripción de la existencia de incumplimiento, que puede fortalecer la idea de que existe un modelo social de incumplimiento aceptado por la mayoría; o como el efecto expresivo de la finalidad sancionatoria, que puede deslegitimar la intervención. Siempre pongo el mismo ejemplo: un control puesto en un sitio “para pillar” se carga todo el efecto preventivo que pueda tener el incremento de las penas, porque deslegitima la intervención, y por eso tenemos que tomarnos muy en serio la legitimidad de la intervención, el dónde ponemos los controles, el para qué, etc. La DGT está apostando por la modernización y por la utilización de la importante información que tenemos y que nos puede servir para saber mejor dónde actuar y cómo y, por tanto, intervenir y prevenir.

Estas son nuestras grandes líneas aunque tenemos abiertas muchas más, en las que estoy más o menos implicado, por ejemplo una pionera de investigación criminológica de la corrupción, en la que estamos analizando el índice de cumplimiento de los indicadores de transparencia por parte de las administraciones pública de la Comunidad Valenciana, entre otras.

 

P.: En sus obras está subrayada la importancia de valorar las diferencias arquitectónicas del ciberespacio con respecto al espacio físico a la hora de adaptar teorías provenientes de otras ramas sobre el cibercrimen. ¿Cómo cree que debe influir esto a la hora de diseñar instrumentos, estrategias y políticas de prevención del crimen en el ámbito del ciberespacio?

R.: Es una buena pregunta porque pone de manifiestoque es importante decidir con qué enfoque se quiere afrontar una pregunta de investigación. Yo creo que el enfoque de la Criminología Ambiental aplicada al ciberespacio es útil en el mismo sentido en que lo es para el espacio físico: porque adopta una perspectiva preventiva más que explicativa y porque constituye un enfoque de alcance medio. Yo creo que es indiscutible que ninguno de estos enfoques ambientales explica, por sí mismo, el cibercrimen, como tampoco el crimen en el espacio físico. Al fin y al cabo, para explicar por qué alguien comete un delito habría que adoptar una visión absoluta, holística, teniendo en cuenta el hombre, como ser multicausal, con miles de factores personales, sociales, etc., a partir de una visión completa del problema. Pero esto a su vez conlleva otra dificultad, la que tienen en definitiva las big theorys o enfoques holísticos: son muy difíciles de abarcar y prácticamente imposibles de aplicar, puesto que habría que conocer el Todo, para explicar cada cosa, y porque habría que intervenir en cada cosa para solucionar el Todo. Frente a ello creo que en ciencia es importante asumir que no todos podemos hacerlo todo. No todos podemos resolver la visión del todo, más bien tenemos que repartirnos el trabajo. No conozco a ningún nutricionista que sea químico o genetista que se ocupe también de las cuestiones psicológicas que tienen que ver con la alimentación, como no conozco a ningún psicólogo que se ocupe también de las cuestiones relacionadas con la genética o biología de la alimentación y, sin embargo, los dos son importantes en el tratamiento de un problema pues lo primero incide sobre lo segundo y lo segundo sobre lo primero. Todo se relaciona entre sí, y esto también sucede en el crimen, pero no siempre se puede comprender absolutamente todo y, además, no todos tienen que encargarse de analizar cada uno de sus elementos a la vez, pues el riesgo es quedarse en las nubes y no solucionar nada. A mi parecer en ciencia es mejor dar pasos que saltos, porque dar saltos lo que suele causar es que, en efecto, te saltes cosas, mientras que si das pequeños pasos haces un pequeño adelanto.

Cuando yo decidí meterme en el análisis criminológico del ciberdelito percibí, y yo creo que cualquiera es capaz de percibir esto “a simple intuición”, que es imposible abarcar todos los elementos que incidían y que son muchas las teorías explicativas aplicables al ciberdelito. Me pareció, sin embargo, especialmente atractivo y útil un enfoque que acentuara la idea de menos es más, que nos permitiera centrarnos en algo concreto sobre lo que se pueda intervenir, frente a la desventaja de que no tenga en cuenta absolutamente todo lo necesario para explicar el ciberdelito. Soy consciente de que analizando la arquitectura del ciberespacio, no voy a ser capaz de describir todos los elementos que le lleva a alguien a cometer un ciberdelito, pero es que nunca he pretendido eso. No es mi objetivo explicar por qué, sino el donde, en relación con qué circunstancias ambientales relacionadas con el agresor, la víctima potencial y los vigilantes. Porque es eso lo que nos permitirá hacer intervenciones concretas, reducir los riesgos, evitar males. Los enfoques explicativos amplios, globales, holísticos, son muy interesantes y me parece perfecto que otros los lleven a cabo, pero generalmente son inaplicables, pues implican múltiples cambios de decenas de variables que no dependen de lo que puede hacer el investigador, cambios sociales como que la estructura social no sea de un modo o que la riqueza y el poder se distribuyan de otro modo. Describen, más que solucionan, y a mí ahora me interesa más lo segundo que lo primero. Yo quiero comprender aquello sobre lo que puedo intentar intervenir. A mí me interesan las características que puedo manipular; lo que quiero es afrontar problemas concretos con soluciones concretas, y creo que estamos a tiempo de incidir en la arquitectura del espacio, que hacerlo puede ayudar en la prevención de algunas conductas desviadas y delictivas perpetradas en él, y creo que no estamos tomándonos suficientemente en serio la importancia que tiene la arquitectura del ciberespacio para la perpetración de ciberdelitos. En particular, creo que no les estamos exigiendo a los proveedores de servicios lo que tenemos que exigir. Nos estamos preocupando de que paguen más impuestos, de que cooperen con los tribunales cuando el delito ya se ha cometidos, nos ocupamos de de si tienen las sedes en Holanda o en Irlanda y, por tanto, dónde tributa, pero ¿nos estamos preocupando de que siga habiendo redes sociales que pidan a menores datos personales reales cuando está demostrado científicamente, y eso lo hemos hecho nosotros empíricamente con datos cuantitativos, que poner los datos personales reales de un menos de 12 años de edad incrementa las posibilidades de que sea víctima de acoso? Esto es sólo un ejemplo, pero muestra que podemos seleccionar como objeto de investigación aquellas variables en las que podemos tratar de intervenir, que podemos ser útiles.

 

P.: Hablemos ahora sobre la investigación criminológica en España. ¿Cuáles considera que podrían ser los principales déficits y puntos fuertes?

R.: Es una pregunta difícil. Los déficits de la investigación criminológica en España son la falta de datos y la falta de financiación. Los poderes públicos no se han tomado suficientemente en serio las posibilidades que ofrece una investigación criminológica potente y puntera, a todos los niveles. Para poder hacer buena investigación hay que tener financiación e información sobre la que poder trabajar. Además, hay que intentar no tener una agenda demasiado cerrada porque corremos el riesgo de que se acaben investigando solo aquellas cuestiones que estén en la agenda mediática y que dejemos de lado los auténticos problemas simplemente porque “no interesen”. Es importante hacer investigación básica y esencial sobre las cuestiones fundamentales y tiene que estar financiada. También tiene que hacerse investigación criminológica aplicada y también tiene que estar financiada y es esencial que sea así y que no dependa de los poderes privados el que se determine el qué se va a investigar, por lo que debe haber financiación pública.

La financiación en Criminología en España es deficitaria comparada con la de los países vecinos. Los proyectos de investigación se han de financiar con mucho dinero, como hacen, por ejemplo, los proyectos europeos, porque necesitan mucho trabajo de muchas personas, y muchos datos. Para investigar no siempre hace falta dinero, y se puede investigar sin él (lo hemos hecho en Crímina muchas veces) pero para contratar persona sí es necesario, y creemos que ayudaría mucho a la ciencia criminológica que los poderes públicos se tomaran en serio este tema. Es cierto que esto no es un problema exclusivo de de la Criminología: la investigación en España está infrafinanciada y lo primero que redujimos en este país cuando sobrevino la crisis económica fue el I+D para las universidades españolas, pero eso no significa que no incida en nuestras posibilidades de investigación como en la de otras áreas.

Por otra parte, creo que tenemos otro tipo de problema para la investigación criminológica en España: la dificultad para el acceso a la información. Ambos problemas están, además, relacionados porque si hubiera datos públicos de todo tipo, si hubiera buenas estadísticas, no necesitaríamos tanta financiación, y al revés: si hubiera buena financiación podríamos crear nosotros nuestros propios datos, y de hecho es lo que estamos haciendo en muchos proyectos. Somos nosotros los que tenemos que buscarnos la vida con buenas encuestas de victimización. Pero, claro, comparando esto con países donde hay encuestas de victimización potentes, donde hay estudios de todo tipo, hay datos a los que es posible el acceso sencillo, los datos son fiables, hay bases de sentencias y resoluciones potentes, en nuestro país tenemos que hacer auténticas “virguerías” para realizar investigación de calidad, lo cual, por otra parte, enlaza con cuáles son las ventajas de la Criminología española.

En mi opinión, la Criminología española goza de una excelente salud por su gran creatividad. Podríamos decir que se trata de una disciplina que ha “espabilado”, frente a cierto acomodamiento de la criminología en otros países, porque se ha adaptado a unas circunstancias muy complejas. En España somos capaces de acceder a información, somos capaces de plantear nuevos métodos, de mezclar métodos (lo cual es totalmente recomendable), precisamente para poder hacer investigación en unas condiciones, económicas y de acceso a información, lamentables. Desde hace mucho tiempo hay investigadores en Criminología haciendo buenas investigadores y, además, con el actual surgimiento de los grados universitarios esto va a ir a más, pero es importante, insisto, que los poderes públicos asuman que la investigación se tiene que financiar porque al final la investigación y la intervención basada en evidencias repercute, como han demostrado Farrington y otros autores en la mejora de la sociedad e incluso en la reducción costes económicos. El Estado debiera tomarse en serio la investigación para que realmente se tomen decisiones sobre las bases de ellas.

Y lo mismo sucede con el acceso a la información. No sé si todavía los poderes públicos están preparados para entender que la información debe ser pública, que debe compartirse, que no pasa nada por saber en qué sitios se cometen más delitos que en otros.

Tenemos un arduo camino por delante porque nos queda mucho que hacer, pero creo que vamos muy bien, ya que en España ha habido una tradición criminológica que ha ido evolucionando también. Es decir, hay grandes autores de la Criminología española que están avanzando y aportando mucho, y hay institutos de investigación que, desde hace tiempo, están desarrollando proyectos muy interesantes y muy útiles para la mejora de la sociedad.

 

P.: ¿Cuáles cree que son los avances en investigación más significativos que se han realizado en el campo de la Criminología en España en los últimos años?

R.: Es difícil decirlo. Hay muchos y resulta complicado priorizar así de repente. Aunque seguro que me dejo muchas investigaciones, creo que se está haciendo un trabajo muy importante en el ámbito de las penas, en particular de la prisión. Hay una tradición criminológica, que tiene que ver con una tradición de preocupación del Derecho Penal por la prisión y por todo lo que conlleva que es muy importante. Así, los trabajos que se están haciendo en temas de prisiones por parte de los equipos de la Universidad Autónoma de Barcelona de Josep Cid o los trabajos de Elena Larrauri desde la UPF y la Universitat de Girona en materia de prisión y otros mecanismos alternativos a la prisión son muy interesantes y, además, siempre desde una visión crítica con el sistema que yo creo que es absolutamente esencial cuando se estudian estos fenómenos. También, en este mismo ámbito penitenciario, creo que se ha avanzado mucho en el tratamiento de los delincuentes, con los trabajos pioneros de Santiago Redondo, y con el desarrollo de instrumentos para la valoración del riesgo de reincidencia, donde Antonio Andrés Pueyo y otros investigadores están realizando un gran trabajo.

Creo que también estamos haciendo un trabajo importante en crítica a la idea de la disuasión y de la prevención general como forma de funcionamiento de las penas y el incremente de las penas. Creo que los trabajos que estamos haciendo en Crímina la doctora Bautista y yo mismo sobre la función de la pena son importantes, demostrando empíricamente que la visión que tiene sistema sobre que el aumento de los castigos es la única forma de prevenir no es cierta.

Desde la Criminología también se están haciendo avances en el trabajo sobre menores, violencia de género, inmigración, en Criminología Ambiental, como hacemos aquí en Crímina. Hay muchas líneas de investigación y estamos haciendo cosas muy interesantes en temas de desistimiento de la carrera criminal…

Se han hecho muchas cosas, se están haciendo muchas y se harán muchas más.

 

P.: El cyberbullying y sexting son dos conceptos bastante conocidos en Criminología por su gran impacto y frecuencia hoy en día, ¿en Crímina se están realizando investigaciones y poniendo en marcha propuestas para prevenir estos tipos delictivos?

R.: Hay muchas instituciones que desde hace tiempo están trabajando en la materia. A nivel nacional tiene un peso muy importante y se ha creado la unidad específica para el tema de los menores, el instituto de ciberseguridad (INCIBE) es una institución puntera y esencial desde donde coordinar las actividades de investigación. Creo que se está empezando a asumir que la visón social y criminológica se tiene que atender. Hemos pasado una época que todo lo relacionado con el cibercrimen tenía que ver exclusivamente con lo tecnológico y, por tanto, con lo informático y nos olvidábamos que está la palabra crimen ahí, y si es crimen, por tanto, es que hay una persona que lo comete y otra persona que lo padece y esos elementos los tenemos que tener en cuenta a la hora de crear estrategias preventivas. Hemos de entender por qué el usuario no instala el antivirus, no utiliza el control parental, etc. Por mucho que creemos un sistema informático perfecto, si no atendemos estas cuestiones no lograremos prevenir eficazmente.

Yo creo que esa dimensión, centrada también en la persona, está empezando a asumirse, y ello ha sido fruto de la preocupación por este tipo de fenómenos. Hay ONG trabajando, centros universitarios como el nuestro donde estamos trabajando desde este enfoque. Probamos en una comunidad concreta donde vamos a establecer un protocolo de intervención para evitar de este tipo de prácticas del uso desviado de Internet. Ya hemos hecho estudios en la provincia de Alicante y con la Junta de Extremadura para ver cuáles son los datos de victimización reales en estos sitios.

Es verdad que hay un poco de dispersión y que haría falta una estrategia a nivel nacional, pero no podemos esperar a que alguien dé los pasos para tomar determinadas estrategias. En general, en el tema del bullying y del cyberbullying está un poco disperso y tendríamos que intentar establecer una estrategia global, y sería interesante, y ahí deberían jugar un papel muy importante los criminólogos, un plan nacional en ese sentido y en el tema de riesgos de Internet. Al menos, creo que se están dando pasos en la buena dirección y se están empezando a incorporar estrategias preventivas. Ahora bien, si vamos todos juntos, si se forma una estrategia nacional, será más fácil hablar con los proveedores de servicios, con determinadas redes sociales.

 

P.: El ciberespacio y las redes sociales son un escenario en el que ha surgido el fenómeno de la adicción a las TIC especialmente vinculada a personas jóvenes y los últimos datos señalan una prevalencia al alza de este fenómeno. ¿De qué forma considera que se puede prevenir estas conductas?

R.: Nosotros hemos empezado a trabajar ahora las adicciones en jóvenes junto con algunos investigadores que han trabajado desde hace tiempo este tema en relación con las TIC. Lo que si es cierto es que estamos ante un cambio de paradigma. Es decir, estamos en una sociedad donde la tecnología forma parte de nuestras vidas y las redes sociales están con nosotros, forman parte de nosotros y sobre todo de los menores y las nuevas generaciones y, por tanto, pretender ignorarlas o evitarlas y que la solución sea, simplemente, que no tengan medios para acceder a ellas es ignorar lo complejo que va a ser eliminar las redes sociales de la propia vida social de los menores. Lo que yo creo que tenemos que hacer, en primer lugar, es comprender cómo funcionan, cómo son y cómo se comportan los menores para primero establecer estrategias preventivas más generales y después estrategias concretas. Hay que intentar exigir a los que creen esas tecnologías que incorporen ya esos mecanismos. Hay que hacer una labor educativa fundamental, para lo que hay que tener conocimiento fiable. Por lo tanto, necesitamos tener el mayor conocimiento posible sobre la base de los datos mediante diferentes métodos. Todos tenemos que implicarnos en esto desde perspectivas diferentes porque no se pueden fundamentar las estrategias preventivas en una serie de guías para el uso seguro de Internet y otros materiales que están elaborados desde la absoluta intuición, como está pasando en los últimos. Es verdad que todos tenemos que educar, incluidas las fuerzas policiales, pero tenemos que hacerlo desde el dato, desde la información, porque la perspectiva educativa es esencial y posteriormente tendremos que incorporar determinadas medidas a partir de estos datos, pero también probablemente a través de los proveedores de servicios.

Nosotros estamos viendo que es cierto que existe adicción a las TIC e incluso un uso desviado de las mismas; comportamientos que no son crímenes pero que pueden ser tremendamente lesivos para los menores, como las apuestas o el gasto económico relacionado con el uso de determinadas APP donde los menores no tienen la capacidad para comprender el desembolso económico que pueden estar haciendo sus padres.

El uso de las TIC está incrementando tan significativamente que también está aumentando su uso desviado paralelamente, ya lo dijeron Cohen y Felson hace tiempo y es algo indiscutible. Nos tiene que preocupar mucho porque va a ir a más y porque además las tecnologías van cambiando, van a ir surgiendo nuevos usos desviados.

Ahora nos empiezan a preocupar el suicidio y el tema de las dinámicas de los grupos de suicidio a través de redes sociales, las páginas webs Ana y Mía (anorexia y bulimia). Tenemos que estar atentos e ir incorporando este tipo de medidas.

Prohibir la tecnología o el uso de las redes sociales es el tópico de poner puertas al campo. Hay que ser más creativos y exigir más. No hay una normativa al respecto, pero hay que exigir más. Twitter y Facebook ya están empezando a tomar medidas, por ejemplo, en el tema de radicalización. No puede ser que esté funcionando el algoritmo del pezón, pero no funcione el algoritmo de la violencia.

 

P.: Háblenos un poco sobre Crímina: ¿qué planes de futuro tienen para Crímina? ¿Avanzará hacia alguna especialización, ofertará más estudios?

R.: A nivel formativo es cierto que estamos siempre planteando cuáles son las necesidades formativas. Ahora la UMH va a pedir un Grado en Ciencias de la Seguridad y es una cuestión importante, pero nosotros siempre hemos estado muy enfocados a los másteres, a la formación de especialidad. Ahora tenemos un título en intervención con menores en situaciones de riesgo que creemos que es importante y también colaboramos con varios títulos en temas de cibercrimen. Aunque ya hay suficiente formación, es posible que creemos algún tipo de formación específica sobre otras cuestiones.

A nivel de planes del centro estamos muy enfocados hacia la investigación y queremos dar una vuelta de tuerca y acercarnos más a Iberoamérica, ya que estamos formando a mucha gente de allí y queremos hacer acciones de intervención. Es una línea a la que le vamos a dar mucha prioridad porque creemos que es importante que las cosas que sabemos al final se apliquen y tengan resultados concretos e Iberoamérica es un ámbito donde hay necesidad de que se apliquen determinadas políticas y puede ser interesante hacerlo.

Queremos profundizar en nuestro doctorado también.

Como centro, no va a crecer mucho más porque ya es muy grande, pero sí va a crecer como red de colaboración con criminólogos de muchos ámbitos con proyectos diferentes y otras instituciones mediante las contribuciones de investigadores asociados que aprovechen nuestras estructuras y nuestros datos para hacer investigaciones.

Estos son nuestros planes de futuro: seguir creciendo a nivel científico y seguir aprendiendo más, lo cual está siendo posible gracias a que tenemos la suerte de contar con un equipo fantástico y además multidisciplinar, que es lo que también me gusta porque eso nos hace que veamos las cosas de forma diferente y avancemos.

 

P.: ¿Qué profesionales forma los equipos multidisciplinares de Crímina?

R.: Ahora mismo en Crímina contamos con criminólogos, nuestra mayor cantera de investigadores, también contamos con juristas, tenemos un filósofo, estadísticos, matemáticos, geógrafos, informáticos, y creo que dentro de poco contaremos con un economista. Es decir, tenemos un buen equipo con visiones diferentes, porque además la Criminología se ha construido así: desde visiones diferentes y creo que es bueno que las investigaciones sigan siendo así. Es verdad que nos cuesta mucho más que el informático y el matemático, por ejemplo, comprendan elementos de nuestra disciplina que son esenciales, pero lo pueden hacer, al igual que nosotros podemos aprender otros conocimientos.

Es mejor afrontar el mismo problema desde muchas disciplinas porque así se enriquece el conocimiento mucho más. Esa es nuestra idea. Dicho esto, los criminólogos podemos y debemos adquirir otros conocimientos y debemos especializarnos en otras disciplinas.

 

P.: En los años que lleva Crímina en funcionamiento ¿cómo han ayudado a la prevención de la delincuencia?

R.: Hemos ayudado, en primer lugar –si es que hemos conseguido algo, que espero que sea así-, a través de nuestra formación. Nosotros tenemos una gran experiencia en formación policial y en formación en seguridad y, en los últimos años, con dos másteres que deberían contribuir a crear profesionales especializados en prevención. Estos están ayudando a que muchos criminólogos, psicólogos y otros profesionales se incorporen a la intervención y tratamiento con los delincuentes y las víctimas.

Después, hemos contribuido a la discusión y a la toma de decisiones respecto a determinadas cuestiones y también a la creación de un clima de preocupación sobre determinados fenómenos, relacionados principalmente con la cibercriminalidad. Además, en algunas cuestiones puntuales a que se incorporen determinadas medidas. Hemos puesto en duda algunas cosas y hemos aportado algunas ideas preventivas importantes. Asimismo, hemos puesto en duda algunos paradigmas como los que os he mencionado: que aumentando las penas es una forma de prevenir. Se están proponiendo estos enfoques para tomar decisiones y es bueno que se incorporen a las nuevas normas y a la seguridad vial.

Vamos a seguir haciendo todo esto y, como he dicho antes, es muy complicado solucionar desde una perspectiva única cualquier problema. Pero creo que entre todos estamos haciendo cosas para que sea así. Lo más importante de nuestra labor es la formación para que sean muchas las personas implicadas en cambiar las cosas, incorporando evidencias científicas sobre la prevención del crimen y su tratamiento.


 

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